El arte contemporáneo filipino ofrece un campo fértil para el análisis de los vínculos entre cultura, territorio y relaciones de poder. La presente exposición, compuesta por prácticas visuales que abarcan desde textiles tradicionales hasta expresiones pictóricas de escenas rurales y urbanas cotidianas, permite aproximarse a Filipinas no sólo como un conjunto de islas, sino como un espacio atravesado por múltiples geopolíticas. En este contexto, el concepto de archipiélago creativo –ruta semántica también de la labor curatorial y museográfica– resulta potente para reconfigurar los sentidos de la producción artística acá conjuntada.
Más que un grupo heterogéneo de objetos, la muestra los visibiliza como una constelación de prácticas diversas, interconectadas, pero marcadas por tensiones históricas y desigualdades estructurales. Así, cada pieza hace converger saberes situados donde procesos de negociación cultural, regímenes de memoria, constructos identitarios e inserción en las lógicas de circuitos locales/globales de poder se anudan a imaginarios sociales, afectivos y políticos. Estos procedimientos poéticos se amplifican con el uso de soportes materiales –madera, terracota, fibras, pigmentos, bambú y tinta– que, en correlato con las temáticas, activan las cartografías simbólicas de los lenguajes de comunidades singulares empeñadas en emborronar y sobrescribir las dinámicas extractivistas heredadas del sistema moderno/colonial.
La yuxtaposición de tradiciones ancestrales y prácticas creativas contemporáneas (como los textiles Kalinga o Ifugao del norte del país, o la escultura en madera del guerrero T´boli del sur de Filipinas con pinturas en acrílico, óleo, acuarela o grabados), desafían el impulso de narrativas jerárquicas que simplifican y traducen el “pensamiento autóctono” a códigos accesibles para el mercado del arte u otras dinámicas de disciplinamiento del estado-nación. La utilización de materiales locales y reciclados, junto con referencias culturales-familiares específicas de experiencias históricas relegadas a los márgenes, no solo responde a condiciones contextuales concretas, sino que habilita formas de reivindicación territorial desde las cuales inscribir las disputas de procesos de modernización desiguales y fragmentados. La fuerza elocutiva de las obras emerge entonces a partir de una operación de montaje que propone interrogarlas también en clave de ecología política, donde el entorno, la sostenibilidad, la precarización y el uso de los recursos naturales se convierten en dimensiones centrales de los escenarios artístico-políticos.
La Universidad Autónoma Metropolitana agradece a la Embajada de Filipinas en México la posibilidad de exhibir en sus recintos la riqueza de un acervo visual que, además de ofrecer un conocimiento situado, contribuye a problematizar los mecanismos unívocos desde las cuales el sistema global del arte reproduce matrices coloniales que tienden a homogeneizar la producción de diferencias y sistemas de saberes. Los gestos subversivos presentes en esta muestra permiten, asimismo, repensar las intersecciones de coordenadas geopolíticas complejas desde las perspectivas críticas que, a su vez, el arte posibilita.
Dra. Yissel Arce Padrón
Coordinadora General de Difusión Cultural
Universidad Autónoma Metropolitana
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