El fuego no solo consume papel; anula ideas, borra pasados y deja cicatrices en la memoria colectiva. En El cautivante fulgor de los libros ardiendo. Doce episodios para una historia de la quema de libros en México, editado por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), el historiador y periodista Sebastián Rivera Mir examina doce episodios que definieron la censura y la destrucción bibliográfica en México, desde la época prehispánica hasta periodos recientes.
El autor utiliza casos que abarcan desde la quema de códices por evangelizadores, así como la destrucción de textos en conflictos políticos. Con ello explora motivaciones políticas, religiosas e ideológicas que dieron forma a estos actos y que influyeron en la identidad cultural del país.
En la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2025, la UAM dio a conocer esta obra que plantea un análisis sólido sobre un fenómeno que, de acuerdo con Rivera Mir, revela tensiones sociales que persisten bajo las cenizas.
La presentación reunió al doctor Lluís Agustí Ruiz, profesor en la Universidad de Barcelona y director de la Escuela de Librería; a Ximena Jiménez Nava, licenciada en Lengua y Literaturas Hispánicas; y al maestro Carlos Francisco Gallardo Sánchez, director de Publicaciones y Promoción Editorial de la Casa abierta al tiempo, quien moderó el diálogo.
Destacaron la importancia de preservar la memoria histórica y el papel de las instituciones educativas en la difusión de estudios que abordan la destrucción del patrimonio cultural.
En su intervención mediante mensaje de video, Rivera Mir afirmó que el libro es frágil, aunque la idea que contiene resiste cualquier intento de supresión. “Como objeto físico pueda ser destruido con facilidad, la memoria que encierra conserva una fuerza que enfrenta la censura”, señaló.
El doctor Agustí Ruiz subrayó que la bibliocastia suele buscar la eliminación de la memoria colectiva, la reconfiguración del relato histórico y la imposición de una hegemonía ideológica. Añadió que no todas las quemas responden a estos fines, pues ciertos rituales de reemplazo de textos religiosos o de estudio obedecen a prácticas de respeto hacia materiales que concluyeron su función ceremonial.
Para Jiménez Nava, la UAM funciona como una “fábrica de saberes” donde cada año equipos de académicos y editores convierten ideas en libros que fortalecen el pensamiento crítico. Apuntó que toda historia se acompaña de un texto, testimonio durable de la experiencia humana y símbolo de la continuidad del conocimiento.
Explicó que la quema de estos materiales representa un acto de poder dirigido a controlar la narrativa histórica mediante la eliminación de la memoria y la cultura. Aunque las redes digitales amplían el acceso y favorecen la construcción de una biblioteca universal, el impreso o la noción misma de libro, se mantiene como pilar de la identidad cultural.
Indicó que su destrucción no siempre expresa censura. En ciertos contextos responde a la gestión de recursos o a la eliminación de materiales deteriorados sin valor documental.
El maestro Gallardo Sánchez resaltó el valor de presentar esta obra en la FIL Guadalajara, espacio que impulsa la palabra y el debate frente a prácticas que buscan el silencio. Precisó que el trabajo de Rivera Mir recuerda que la sinrazón alimenta la destrucción, mientras la memoria histórica permite rastrear a los incendiarios y evitar nuevos ataques contra el patrimonio escrito.
La presentación reunió a un público amplio que formuló numerosas preguntas, muestra del interés por el tema y de la relevancia de la investigación histórica dentro del panorama literario actual.
Con información de Jorge Daniel Filorio Pedraza
